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Eliminación de registro de costos en ley de 2014 dejó a ciegas al Estado para definir política de precios

La eliminación del Registro Nacional de Precios de Bienes y Servicios, creado en la Ley de Costos y Precios Justos de 2011, así como del sistema automatizado de análisis de precios dejó al Estado administrando a ciegas la política de abastecimiento y de determinación de precios, desde enero de 2014 cuando entró en vigencia la nueva legislación.

A esa conclusión se puede arribar cuando se verifica que el nuevo instrumento legal solo contempla un registro de personas que realizan actividades económicas (RUPDAE), que se limita a recopilar datos legales y generales sobre su área productiva, pero no sobre los costos, inventarios y precios asociados.

Asimismo el cuerpo legal, aprobado en forma habilitante por el presidente Nicolás Maduro en noviembre de 2013, no solo derogó la ley anterior de precios y costos, sino que también lo hizo con la ley de defensa del consumidor y el usuario.

De esa manera se liquidó el órgano de protección al consumidor (Indepabis), y sus tareas, junto con las de control de precios y ganancias fueron absorbidos por una nueva institución denominada Superintendencia de Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (Sundde).

Sin embargo el marco legal y el mecanismo institucional le dio mayor peso e influencia a las tareas de control del comercio en lugar de las de defensa del usuario o la determinación de los precios.

De hecho la ley como tal no dejó claro cómo sería el procedimiento para la determinación del precio de cada bien o servicio, y dejó a cargo de la definición de tales parámetros al organismo recién creado , que lo formalizaría posteriormente a través de disposiciones administrativas de carácter normativo, denominadas providencias.

La ley de 2011 establecía nítidamente la ruta de la determinación del precio, incluyendo el sistema de calculo de costos, el mecanismo aprobatorio y hasta los recursos de que disponía el productor para impugnar las decisiones. Mientras que la providencia 003/2014, que definió los criterios contables para el nuevo proceso, ni siquiera establece la obligación para que esos análisis sean consignados rutinariamente ante la Sundde.
  
Ciertamente establece la atribución de la Sundde para realizar auditorías cuando lo considere necesario. 

En la ley reemplazada el mecanismo ordinario de determinación de precios se inicia con la inscripción y aporte de información por parte de los empresarios y particulares.  Esa información debía ser analizada en forma particular, y sobre esa revisión se podría ratificar el precio informado por la empresa o establecer un nuevo precio al producto acorde con la estructura de gastos y costos.

Pero lo mas importante era que el organismo regulador tendría acceso a una importante muestra de análisis de costos que le permitiría definir parámetros generales y por categorías para determinar los precios de distintos rubros. E incluso generar alertas tempranas sobre la disponibilidad y variaciones de precios de insumos involucrados en los diferentes procesos productivos.

La posibilidad de acceder en forma sencilla pero al tiempo integral a los datos que definían el escenario productivo del país quedó truncada con la desaparición de esos sistemas de registros, como el de precios de bienes y servicios y el de análisis de costo por extensión del primero.

Probablemente la falta de una base de datos histórica sobre costos de los diferentes rubros, permitió que se asumiera como imposible la ejecución de controles precisos sobre cada análisis que sustentaría los precios definidos por las empresas.

Y así se llegó a la providencia 057/2014 que en la práctica le entregó a los importadores, productores y comerciantes la determinación de los precios. Esto ocurrió en cierta medida porque “se confundió” la impresión o marcación del precio con la determinacion o calculo del mismo.

Sin duda a esto se refería el presidente Maduro cuando decía, el pasado martes, que la ley ‘comenzó a ser desde hace un tiempo, penetrada, burlada, infiltrada” por lo que habría “llegado la hora de que reaccionemos.”

El artículo 3 de la normativa administrativa establece que “el Precio de Venta Justo deberá ser establecido y  marcado a todos los productos, bienes y mercancías”, dando a entender que es una sola entidad cuando en realidad es evidente que son actos y situaciones diferenciadas.

La determinación o fijación del precio es una facultad del la SUNDDE según el artículo 11, numeral 3 de la Ley que dice  “Fijar los precios máximos de la cadena de producción o importación, distribución y consumo, de acuerdo a su importancia económica y su carácter estratégico, en beneficio de la población, así como los criterios técnicos para la valoración de los niveles de intercambio equitativo y justo de bienes y servicios.”.

Por su parte el articulo 24 establece que “La determinación, modificación y control de precios es competencia de la SUNDDE, en los términos establecidos en la presente Ley.”

Sin embargo la providencia le otorga atribuciones para fijar precios al productor e importador, pues en su artículo 2 dice que el Precio de Venta Justo es el fijado por la SUNDDE o por el productor/importador en condiciones de igualdad.

Victor Hugo Majano

La guerra de Lorenzo

Ricardo Hausmann y Lorenzo Mendoza unidos en guerra contra la Patria

Cincuenta mil millones del FMI, “así es -afirma Lorenzo con una risita golosa-, esa es la cifra”. Cincuenta mil millones es el precio que le pusieron a nuestro país algunos que dicen tener su corazoncito en Venezuela. Corazoncito arrugado como una pasa por sus miserables ambiciones personales.

Cincuenta mil millones del FMI, que voltearían el tablero, “a game changer”, como en Libia, el 9 de octubre de 2011, 11 días antes del asesinato de Gadafi cuando el mismo FMI que nos quiere venir a ayudar decidió que los representantes de ese país ante el Fondo serían, a partir de ese día, no el Gobierno libio sino el Consejo Nacional de Transición (¿les suena esta última palabra?). Ya todos sabemos lo que pasó con los “libios hambrientos de libertad”.

Cincuenta mil millones que vendrían junto con una llamada de Obama o de Hollande, su french poodle. Y cuando Obama llama, la sangre tiñe todo; en este caso, sangre venezolana, nuestra.

Pero bajémosle dos, imaginemos el mejor de los casos, obviemos las bombas, el uranio empobrecido envenenando nuestra tierra por los siglos y los siglos. Olvidemos la suerte -¡vaya suerte!- de los otros países que petroleros que desafiaron la regla de oro -negro- de tener que entregar sus recursos al grandote maloso del colegio global, ese abusador que “tuerce los brazos” y golpea a los pequeños para quitarles su merienda. Ignoremos todo eso y simplemente recordemos.

Cincuenta mil millones de dólares con cien mil millones de condiciones de un ente cuya presidenta, Christine Lagarde, alerta que los ancianos viven mucho y con ello amenazan a la economía global. Este “game changer” se impone a fuego el concepto perverso del hombre al servicio de la economía, del capital. El 1% decidiendo sobre la vida y especialmente sobre la muerte del 99% restante, todo en nombre de una democracia torcida a la medida de los poderosos.

Recordemos lo que ya vivimos: cien mil millones “recortes”, eufemismo para sueldos congelados, liberación de precios, ¿pensiones? no hay, esclavitud laboral, Estado anulado, pobreza, exclusión, hambre, desesperanza, futuro truncado… Recordemos el paquetazo del 89, tan reciente, tal largo, con tantas cicatrices. Recordemos.

Así nos quiere salvar Lorenzo, que está en guerra, llenándose sus bolsillos ya abarrotados, sin despeinarse el copete.

Carola Chávez/@Tongorocho

UN ALEGATO EN FAVOR DEL AUMENTO SALARIAL Y UNA REAL POLÍTICA DE PRECIOS JUSTOS.

¡Arriba las manos… Esto es el libre mercado y nosotros somos sus agentes!

(La siguiente nota es una versión y va en la misma línea argumentativa de otra publicada en mayo de este mismo año a propósito del aumento salarial del Dia del Trabajador titulada ¿Es inflacionario el salario?)

En realidad, los beneficios elevados tienden a aumentar mucho más el precio de la obra que los salarios altos. (…) la Porción del precio que se resuelve en los salarios de los trabajadores se elevaría en cada uno de los estadios de la manufactura, únicamente en proporción aritmética a este aumento de los jornales. Pero si los beneficios de los patronos que ocupan esta clase de operarios se elevan un cinco por ciento, la Porción del precio del artículo que se resuelve en ganancia se elevaría en cada uno de los estadios de la manufactura en proporción geométrica a dicha alza del beneficio. (…) Nuestros comerciantes y fabricantes se quejan generalmente de los malos efectos de los salarios altos, porque suben el precio y perjudican la venta de sus mercancías, tanto en el interior como en el extranjero. Pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos. Guardan un silencio profundo por lo que respecta a los efectos perniciosos de sus propios beneficios y sólo se quejan de los ajenos.”

Adam Smith. La Riqueza de las Naciones.

Siempre hemos sostenido desde este espacio que la especulación de precios y monetaria se alimenta de la especulación ideológica, siendo que la función de ésta última es tanto impulsar como naturalizar la primera haciendo circular “explicaciones” en sí mismas especulativas. En los buenos viejos tiempos de la crítica de aquello que T. W. Adorno llamó la industria cultural, solía decirse que la ideología refleja la realidad alterándola. Es la famosa relación especular descrita entre otros por Marx y Freud, dada la cual la ideología como el reflejo en un espejo reproduce la realidad al revés. Cualquiera que se haya parado al frente de un espejo entiende inmediatamente el símil: en el espejo, lo que en realidad es mi brazo derecho aparece reflejado del lado izquierdo y viceversa….

En uno de sus acostumbrados excelentes artículos, el día de hoy Alfredo Zaiat nos habla de un concepto muy interesante, muy útil para dar cuenta del tema que nos ocupa: agnotología. La agnotología es lo que el profesor estadounidense de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford, Robert Proctor, definió como el estudio de la ignorancia inducida con la publicación de datos e información tendenciosa. Según nos cuenta Zaiat, otro investigador, Philip Mirowski, historiador y filósofo del pensamiento económico de la Universidad de Nôtre Dame, aplicó ese concepto a la economía, y lo presentó en su último libro Nunca dejes que una crisis te gane la partida. Y es que tanto en Europa como en los Estados Unidos, Argentina y por su puesto nuestro país, existe una verdadera banda de analistas, economistas del establishment y hombres de negocios que son maestros en el arte de la agnotología, dedicados con entusiasmo a la fabricación deliberada de la incertidumbre, la duda y la ignorancia, a hacer que los términos de la realidad aparezcan trucados y adulterados, de modo que lo que es beneficioso para un trabajador (un aumento salarial, por ejemplo, o una política de precios justos) aparezca como malo, mientras que lo que es definitivamente malo para la mayoría trabajadora e incluso un delito (la especulación de los comerciantes) aparece como bueno y natural.

Esto último es exactamente lo que vemos en este momento: luego del aumento salarial decretado por el presidente Maduro como parte de una política sostenida de defensa del salario y el empleo, que además de una convicción es una obligación constitucional del Estado en la defensa de los derechos socio económicos garantizados por la CRBV, y en la medida en que los comerciantes y empresarios traducen dicho el aumento en un inmediato aumento especulativo de los precios de un 30% y hasta más bajo la excusa de “compensarlo”, se emprende por las más diversa vías una satanización de los aumentos de salario y hasta de los salarios en sí mismos.  Tan abrumadora resulta esta satanización -terrorista, en el sentido duro del término- que entre algunos trabajadores y trabajadoras, no pocos analistas de izquierda y seguramente más de un cuadro de gobierno, cala la idea de que el que les aumenten el salario o tener un poder adquisitivo es malo, idea que se termina expandiendo a otros derechos y conquistas como la inamovilidad laboral o la seguridad social.

Así las cosas, lo primero que queda meridianamente claro en este razonamiento es que para los “expertos” y el sentido común mediatizado económicos, no solo los salarios “altos” y los aumento de salarios son siempre la causa de todos los problemas, sino que además los trabajadores y trabajadoras al organizarse y exigir mejores ingresos para tener un mejor nivel de vida, posibilidad de ahorrar, etc., están actuando en contra de ellos mismos, dando origen a la plaga inflacionaria que los castigará por su falta de criterio e ignorancia de las sagradas “leyes” del mercado.

Es por esta razón que la gente sensata de este país –la gran mayoría- siente que para los economistas y sus patrones la miseria es el precio que la mayoría debe pagar para que los mercados no se desequilibren. Lo que plantea un dilema interesante: ¿y cuándo es entonces el momento para que desde el punto de vista de dichos expertos los trabajadores y trabajadoras pueden mejorar su pedazo en la repartición de la riqueza social? Si cuando se presentan fases expansivas no pueden porque “se recalienta la economía desatando el diablo inflacionario y la escasez”, pero en las regresivas tampoco porque son los momentos en que hay que “ajustarse el cinturón y recortar gastos”, entonces está visto que tenemos que resignarnos a la idea a que esa momento será tan lejos como nunca.

Lo otro sobre lo que hay que llamar la atención en toda esta retórica “explicativa” sobre las causas y responsabilidades de la inflación, es que las ganancias empresariales y comerciales quedan convenientemente ocultas bajo la alfombra. Y es que está visto sobre este tema los sabios de la economía convencional guardan el mismo silencio profundo que Adam Smith –nada menos que el padre de la economía política burguesa – denunciaba de los comerciantes y fabricantes.

 

¿Son los salarios los que hacen subir los precios? 

Precisamente, en la cita que colocamos como epígrafe a este texto, Smith se despacha a propósito de una realidad olímpica y convenientemente ignorada por los “expertos” y patronos a la hora de sacar sus cuentas: que no expresan igual las ganancias y los salarios en la formación de los precios, que la forma de distribuirse unos y otros es muy distinta, siendo que los salarios se reparten aritméticamente en los precios mientras que las ganancias los impactan geométricamente. Veamos con un ejemplo simple:

Imaginemos una empresa en la que trabajan diez personas. Supongamos, para facilitar las cosas, que cada uno de ellas gana un salario mensual de Bs. 1.000, que es el mínimo legal. Pero entonces se decreta un aumento de 30%, pasando cada una a ganar Bs. 1.300. Eso significa que al patrón o patrona de dicha empresa le aumentará la nómina de pago 30%, pasando de Bs. 10.000 a Bs. 13.000 mensuales.

Ahora bien, supongamos que esa empresa produce zapatos. Y que cada zapato un precio de Bs. 100. ¿Se supone entonces que el precio de los zapatos debe aumentar 30% para cubrir el aumento de 30% del costo de la nómina? Pues no.

Supongamos que la empresa vende 500 pares de zapatos mensuales. Si cada par tiene como dijimos un precio de Bs. 100, a la empresa le ingresan Bs. 50.000 al mes. Si tomamos como referencia la actual ley de Precios Justos, bajo la cual es de esperarse que el comerciante transforme el “hasta 30%” de ganancia en un directo 30%, inferimos que de esos Bs. 50.000 por concepto de venta el patrono viene apropiándose como ganancia de Bs. 15.000.

De entre los restantes Bs. 35.000 de costos de producción, recordemos que la mano de obra antes del aumento equivalía a Bs. 10.000, lo cual -dicho sea de pasada- es mucho comparado con la realidad de las estructuras de costos de nuestras empresas y negocios, cuyo peso de la mano de obra sobre los costos raramente suele superar el 20%. Pero en fin, el asunto es que para “cubrir” el aumento del 30% de la nómina el patrono decidió aumentar en 30% el precio de sus zapatos, pasando a costar al público Bs. 130. De tal suerte, suponiendo que no varíe la cantidad de zapatos que vende mensualmente, los ingresos de la empresa pasarán automáticamente Bs. 65.000 mensuales a Bs.

En este punto debemos volver al inicio de nuestra contabilidad, recordando que nuestra hipotética empresa tiene 10 trabajadores, cada uno de los cuales en razón del 30% del aumento pasó a ganar Bs. 300 adicionales mensualmente. Esos Bs. 300 adicionales sumados se transformaron en un aumento de Bs 3.000 del costo por concepto de mano de obra para un total de Bs. 13.000 para el patrón, quien para cubrirlos decidió aumentar los precios en 30%. Sin embargo, ese 30% de aumento en el precio de los zapatos reportaron ingresos adicionales a la empresa por Bs. 15.000, esto es Bs. 12.000 por encima del costo adicionado por el aumento de 30% a la nómina: lo cual quiere decir que con el aumento del 30% en el precio de sus zapatos, el patrón no solo cubrió el aumento salarial, sino además obtuvo ganancias extraordinarias cuatro veces por encima de la “pérdida” que le representaba el aumento salarial.

Un argumento inmediatamente esgrimido por cualquier “experto” o por el propio patrón de nuestra fábrica para justificar el aumento del 30% o más en el precio de su producto, será que el aumento salarial no lo impacta solo por la vía directa de su mano de obra, sino por la indirecta de la mano de obra de sus proveedores. Es decir, el 30% del aumento salarial aumenta en 30% el costo de la mano de obra, pero también aumenta en la misma proporción el costo de la mano de obra de otros comerciantes a los cuales compra insumos o paga servicios, y por tanto debe cargarlo. También dirá, desde luego, que las cosas que él en cuanto persona consumen también subieron. Eso puede ser cierto. Sin embargo, también lo es que en realidad lo único que ha variado es la escala del problema, en la medida en que pasamos de la consideración de un productor-comerciante a la de todos los productores-comerciantes juntos.

Así las cosas, como acabamos de ver, el argumento de la gran mayoría de los comerciantes de elevar los precios en la misma proporción porcentual en que aumentan los salarios es falaz. Pero en realidad, más que falaz, es premeditadamente falaz: esgrimido tanto para hacer que los trabajadores en cuanto conjunto y como clase paguen sus propios aumentos – o dicho en términos más simples- para asaltarle todavía más los bolsillos usufructuando una medida que de origen es para beneficiarlos. Y es que en efecto, el aumento salarial no solo queda automáticamente diluido por la respuesta patronal sino que, de hecho, ésta última puede hacer retroceder al trabajador en la repartición de la riqueza social.

¿Sirve esto último para darle la razón entonces a quienes aseguran que no son buenos los aumentos salariales o que no tienen sentido porque estos hacen automáticamente subir los precios? Por su puesto que no. Pues dicho “razonamiento” más que una explicación es una justificación “teórica” de la resignación política: un blanqueo pseudo-academicista y pseudo-contable de la posición de ventaja que los comerciantes-patronos tienen y ejercen sobre los trabajadores-consumidores. Y en las condiciones venezolanas de guerra económica, un mecanismo para ejercer terrorismo psicológico y político contra los trabajadores y trabajadoras así como de chantajear al Estado.

Por último, aunque no menos importante, termina también resultando cierto que los comerciantes y empresarios pequeños y medianos que se suman a estas prácticas, al conspirar económicamente contra el país y los asalariados-consumidores, terminan conspirando económicamente contra sí mismos. Y es que no solo está claro que la carrera especulativa en la cual se involucran la van finalmente a perder frente a los oligopolios y monopolios -por más que hagan ganancias extraordinarias y rápidas en lo inmediato-, sino que al correr contra el salario y ayudar a deprimirlo están deprimiendo la fuente sobre la cual se sostiene su actividad, en la medida en que sus bienes y servicios solo se pueden vender si hay salarios que puedan comprarlos. Lo que la mentalidad de pulpero que habita en muchos comerciantes no les permite ver es precisamente eso: que pagar salarios pobres y “baratos” termina resultándoles más caro que pagar buenos salarios. Que lo que se “ahorran” abaratando la mano de obra o subiendo los precios, lo padecen deprimiendo el consumo. Es una experiencia que ya vivieron en los 90, pero que al parecer muchos ya muchos olvidaron. Pero los que no la olvidaron y la tienen muy clara son los promotores de la guerra económica, quienes embaucándolos en una comunidad de intereses que no es tal, azuzando sus temores, prejuicios y miopías de “clase”, los utilizan como avanzada para desmantelar una política de inclusión y democratización socioeconómica de la que se han beneficiado tanto como los trabajadores que desprecian y temen.

En fin, y ahora sí para terminar, el llamado es a los trabajadores y trabajadoras, quienes en la esfera del consumo debemos replicar la política de defensa de derechos económicos y sociales, la defensa del salario y la no explotación que hemos sabido conquistar en la esfera del trabajo. Siempre, pero particularmente en este momento, en nuestro país al revés de lo dicho por Marx, el secreto de la explotación no hay que buscarlo -o no tan solo- en la esfera oculta de la producción. Para develar este secreto, para descubrir la fuente de las más extraordinarias fuentes de ganancia  que se hacen a costillas nuestras y combatirla, debemos por el contrario subir a la ruidosa esfera del mercado donde están los comerciantes poseedores del dinero y del trabajo y por tanto de las mercancías y los servicios que circulan a precios cada vez más especulativos. Pero el llamado también es al Estado. Y es que la política de defensa del poder adquisitivo y los derechos socio económicos de las grandes mayorías no solo debe atender el frente salarial y del empleo. Eso es mucho ciertamente, mucho más de lo que cualquier gobierno de cualquier otro país de cualquier parte del mundo salvo las excepciones de algunos de nuestros aliados (Bolivia, Argentina, Ecuador) está haciendo en este momento. Pero en la tapa hiperespeculativa actual si no se interviene radicalmente al nivel de los precios la medida termina convertida en una ilusión monetaria para los bolsillos. La política de Precios Justos es el complemento natural y necesario de la mejora del poder adquisitivo de la población a través de mejores salarios y más y mejores empleos, lo que que se ha traducido en esta primera etapa de nuestra revolución en una democratización del consumo, ampliación del mercado interno y una mayor inclusión social. Pero esta visto que la especulación y el acaparamiento atentan contra esto, y en el último año se han valido de la propia política de Precios Justos para blanquear la especulación. Debe recuperarse la política de Precios Justos, empezando por arrebatarle a los especuladores el usufucto que vienen haciendo de ella pasando los precios más injustos del mundo como Precios Justos. Y para ello es necesario una SUNDEE menos pasiva y el concursos de otras demás instituciones del Estado, desde el SENIAT hasta la propia Defensoría del Pueblo.

Ciertamente en el fondo llevan la razón quienes dicen que estructuralmente y en el largo plazo la especulación y el acaparamiento se acaban produciendo más y no controlando precios. Pero esta es una verdad relativa por dos razones: la primera, porque aumentar la productividad sino se democratiza la producción con nuevos sujetas y sujetos económicos que produzcan bajo otras lógicas distintas al lucro individual y el parasitismo (que es el ADN de “nuestros” “empresarios” actuales) no tiene sentido. Y la segunda, porque, para parafrasear a Keynes, el problema con el largo plazo es que en el largo plazo (incluso el mediato) todos estaremos muertoscomo consecuencia de la especulación y el acaparamiento. Estamos en una coyuntura donde para atacar la enfermedad hay que hacerlo necesariamente primero con el síntoma, con la ventaja de que en este caso atacar el síntoma se convierte en un modo no solo de evitar la reproducción de otros males, sino de atacar la enfermedad en si misma.

Luis Salas Rodríguez 

Pobres ricos

El 1 por ciento más rico ahora controla 50 por ciento de la riqueza total del planeta

“De hecho, ha habido una lucha de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ha ganado”, declaró en 2011 el inversionista Warren Buffett, el segundo hombre más rico de Estados Unidos, y sigue siendo tal vez la frase más honesta y precisa para resumir la coyuntura actual en Estados Unidos.

No es una realidad oculta como en algunos otros países; está a la vista, de hecho, es exhibicionista: el auge de construcción de edificios residenciales de lujo está transformando el famoso perfil de Nueva York, las cadenas de tiendas, actividades, viajes, restaurantes, servicios y más para el sector de lujo no dejan de ofrecer sueños americanos para los que tienen mucho, y todos los indicadores comprueban que el 1 por ciento está hoy día mejor que nunca aquí y alrededor del planeta.

Joseph Stiglitz, el economista premio Nobel, escribió en 2011 que Estados Unidos se estaba volviendo en un país del 1 por ciento, por el 1 por ciento y para el 1 por ciento. Señaló que ese 1 por ciento concentraba casi 25 por ciento del ingreso nacional, y controlaba 40 por ciento de la riqueza total del país. Desde entonces, esta tendencia ha continuado.

Hoy día, el 1 por ciento más rico del país representa aproximadamente 1.13 millones de hogares con un ingreso promedio de 2.1 millones de dólares anuales. Pero el 0.1 por ciento más rico representa 115 mil hogares (otros cálculos dicen que son 160 mil familias) que gozan de un ingreso promedio de 9.4 millones; según cálculos del Centro de Política Impositiva.

Pero si se incluye el valor de todos sus bienes, las familias de ese 0.1 por ciento más rico son dueñas de más de 20 por ciento de la riqueza total de todos los hogares estadounidenses, o sea, casi el mismo porcentaje de riqueza en manos de 90 por ciento de las familias más pobres, según investigaciones de los eminentes economistas Emmanuel Saez y Grabriel Zucman.

A escala mundial, la tendencia es la misma. Según un informe elaborado por el banco Credite Suisse divulgado la semana pasada, el 1 por ciento más rico ahora controla 50 por ciento de la riqueza total del planeta; los investigadores dicen que es algo que posiblemente no se ha visto en casi un siglo. Oxfam, al inicio de este año, proyecta que el 1 por ciento más rico del mundo tendrá más riqueza que el 99 por ciento de los demás para 2016.

En Estados Unidos el 1 por ciento tiene toda una industria para satisfacerlos. Por ejemplo, el New York Times patrocina la Conferencia Internacional del Lujo, que aborda “los retos más críticos –y las oportunidades inesperadas– del campo de batalla del lujo hoy día”. Promete que con análisis rigurosos y debate transfronterizo entre ejecutivos en jefe, economistas de prestigio, e íconos del mundo de los espectáculos y deporte, se ofrecerán vistazos cruciales, ideas frescas y nuevas estrategias para ganar los corazones y las mentes de consumidores de lujo. Uno de los paneles será una discusión sobre “las fuerzas geopolíticas, económicas y culturales que dan forma a la industria del lujo…” Entre los que ofrecerán ponencias están los ejecutivos en jefe de Chanel y Gucci, y figuras como Victoria Beckham, columnistas y editores del Times y más. Además, ¡se ofrecerán cenas en el Palacio de Versalles! ¿No fue ahí donde según la leyenda popular (pero aparentemente equivocada), la reina María Antonieta, al ser informada de que las masas se estaban encabronando por la carencia de pan, respondió: que coman pastel?

Pero aparentemente no se puede comprar la felicidad. Muchos dentro del 1 por ciento padecen de culpa por su riqueza, se sienten aislados y hasta discriminados, afirman terapeutas de ricos, según un asombroso reportaje de The Guardian. Uno de los expertos en terapia de ricos explicó al rotativo: “estamos entrenados para tener empatía, no para juzgar, y muchos de los súper-ricos –el 1 por ciento del 1 por ciento– sienten que sus problemas verdaderamente no son problemas. Pero lo son. Muchos terapeutas no les dan suficiente peso a sus asuntos”.

Una sicóloga de la riqueza comentó que el movimiento Ocupa Wall Street tuvo un impacto importante y tuvo cosas importantes que expresar sobre la desigualdad económica, pero se enfocó sobre el 1 por ciento y los pintó globalmente como algo negativo. Agregó que los medios tienen parte de la responsabilidad de hacer que los ricos sientan que necesitan esconderse o sentirse avergonzados. Otra experta en sicología del dinero dice que las protestas de Ocupa o de otros grupos que denuncian la desigualdad y acusan a los ricos provocan estrés en ellos, y agregó que es muy aislante tener mucho dinero; puede dar miedo la reacción de la gente hacia ti. Estos expertos afirman que también es difícil tener amistades si eres rico, porque no sabes si tus amigos te aprecian a ti o a tu dinero, y que eso lleva a que sólo se relacionen con otros mega-ricos o que oculten que son ricos. Pobres ricos.

Mientras los ricos buscan terapia para abordar sus problemas, uno de cada seis estadounidenses batalla con el hambre, unos 46 millones viven en la pobreza y las cifras crecen; millones laboran por un salario mínimo que no logra cubrir la canasta básica para una familia, y la deuda de todos se multiplica. Mientras algunos ricos aparentemente tienen que ocultarse, millones de pobres son obligados a vivir como invisibles en este país.

A la vez, en este ciclo electoral –algo nutrido por la presencia de Bernie Sanders, en particular– el tema de la desigualdad y el poder corruptor de la clase multimillonaria están en el centro del debate político. Vale recordar que en una encuesta del Centro Pew del año pasado, los estadounidenses opinaron que la mayor amenaza en el mundo hoy día es la creciente brecha entre ricos y pobres.

Recuerda una vieja canción estadounidense de la gran depresión que fue resucitada y actualizada por Bruce Springsteen y Ry Cooder, la cual cuenta de los desastres económicos y los manejos engañosos de los poderosos, y concluye con el estribillo (y título de la canción): “¿Cómo puede un hombre pobre aguantar tales tiempos y vivir?”

David Brooks/ La Jornada

 

Lorenzo Mendoza dirige la guerra económica

Buscaban reemplazar con endeudamiento la reducción de divisas provenientes de la renta petrolera, tras la caída del precio del crudo e imponerle a los grupos políticos y factores productivos su propia agenda
Si algo demuestra en forma nítida la conversación del economista Ricardo Hausmann y el jefe de las empresas Polar, Lorenzo Mendoza, revelada la semana pasada en el programa Con el Mazo Dando, es que el empresariado comercial-importador es la capa dominante de la burguesía venezolana y que tiene la osadía y cierto poder para determinar las opciones políticas y económicas de los sectores adversos a la Revolución Bolivariana.
 
Se trata de un intercambio telefónico en el que Hausmann, un académico que dirige un centro de investigación en la universidad estadounidense de Harvard, le expone al presidente de Polar su propuesta de diseñar un plan de ajuste macroeconómico, destinado a “rescatar” la economía venezolana, para lo cual requeriría enormes recursos financieros provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros entes multilaterales.
 
Si usted es chavista (que es lo más probable) lea con atención lo que viene, pero si al contrario usted es opositor y de paso su actividad productiva es de carácter agropecuario o industrial, es recomendable que se dedique con devoción a entender lo que realmente dice la propuesta de Hausmann-Mendoza.
 
El salvavidas neocolonial del FMI
El FMI, creado luego de la Segunda Guerra Mundial, es un mecanismo para preservar el poder colonial de las potencias tradicionales y darle formalmente el liderazgo comercial a EE.UU.
No es casual que cinco de los seis fines del Fondo, según su convenio constitutivo, se refieran explicítamente al intercambio comercial global.
Entre esos destacan “facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional”, “evitar depreciaciones cambiarias competitivas” y “eliminar las restricciones cambiarias que dificulten la expansión del comercio mundial”. Este último es el caso de Venezuela y ha convertido al país en el objetivo permanente de informes, recomendaciones y acusaciones sobre lo que no se debe hacer según sus posturas de profunda liberalización y apertura comercial.
Con tales objetivos es absolutamente previsible que la burguesía comercial e importadora venezolana, se pudiera plantear “usar” el Fondo como el mecanismo institucional multilateral para lanzarle un “salvavidas” a Venezuela en virtud de la difícil situación financiera derivada de la sostenida caída del precio del petróleo.
Y además “fomentar la estabilidad cambiaria”, alterada por los ataques al tipo de cambio desde el mecanismo desarrollado por los cambistas de frontera, en el Norte de Santander, y por la “institucionalización” del paralelo DolarToday que depreciaba escandalosamente al bolívar.
En ese escenario, en septiembre de 2014, Hausmann, junto con Miguel Ángel Santos (uno de los discípulos mencionados en la conversación) publican un artículo en www. project-syndicate.org, titulado Should Venezuela Default? , que pone en discusión si el gobierno venezolano debía optar por mantenerse al día con el pago de los compromisos financieros con los acreedores, o más bien debía preferir mantener el ritmo de importaciones pagando los compromisos con la burguesía comercial importadora.
Y esgrimían una pretendida razón moral que no era otra que acusar al gobierno bolivariano de preferir pagarle a Wall Street (así decían) que asegurarle el abastecimiento de alimentos y medicinas a 30 millones de venezolanos.
Es obvio a qué intereses protegía el exministro venezolano y ahora colombiano por naturalización. Es decir, a los de los importadores, incluidos los “industriales”, que en realidad son “ensambladores” o envasadores, como el grupo Polar y dependen fundamentalmente de las importaciones de insumos y materias primas. Valga acotar que Polar probablemente es el cuarto receptor de divisas del país, según los registros de transacciones de Cadivi (organismo cambiario) entre 2004 y 2012, cuando le fueron adjudicados unos 2 mil 500 millones de dólares.
Justo un año después, esta vez solo Hausmann, publica otro artículo titulado “Don’t Fear the IMF” (No teman al FMI), en la misma página de internet, donde hace una defensa del papel del organismo y explica cómo funciona el mecanismo.
Luego explica que un mundo sin el FMI sería lo más parecido a Venezuela. Y la descripción que ofrece de Venezuela es : “Con el colapso del precio del petróleo desde entonces, la economía está cayendo en picada: el PIB se contrae a un ritmo récord, la inflación sobrepasa el 200%, la moneda se ha hundido a menos del 10% de su valor previo, y ha surgido una escasez masiva”.
Pero lo más llamativo es su profunda molestia y descalificación por los préstamos otorgados, sin imponer condiciones, por el Banco de Desarrollo de China (BDC). La causa no es otra que la inclusión de mecanismos para abrirles mercados seguros a marcas y líneas de productos de ese país: incorporan privilegios para empresas chinas en sectores como telecomunicaciones (Huawei), línea blanca (Haier), automóviles (Chery) y la perforación de pozos petrolíferos (ICTV).
Y como si no fuera suficiente, su irritación se eleva cuando deja constancia de que “la tragedia es que la mayor parte de los venezolanos (y muchos ciudadanos de otros países) creen que el papel del FMI no es ayudar sino perjudicar.”
Lo que no dice Hausmann es que esa misma gente tiene motivos para creer eso y él mismo sería uno de los responsables de que sea así: en Venezuela todos parecen recordar cómo comenzó y cómo terminó la última intervención “salvavida” del FMI: con una masacre de civiles desarmados y una rebelión militar dirigida por Hugo Chávez.
El comercio dirige la guerra económica
Para quien tuviera duda sobre el carácter ofensivo de las acciones desarrolladas por el empresariado importador, le debería bastar con escuchar 2, 4 ó 6 veces la frase inicial de Lorenzo Mendoza: “yo estoy en guerra” le dice a Hausmann para justificar alguna desatención previa, además de ratificarle su “amor” y disipar el despecho, con la frase neoromántica: “yo lo quiero mucho, no joda chico”.

Lo esencial es que la conversación y el plan que se discute lo que hace es confirmar la naturaleza de las acciones organizadas desde el sector comercial para “caotizar” la distribución de bienes esenciales.

Y además revela una cuidada estrategia para mantener el flujo de divisas que tradicionalmente provienen de la renta petrolera nacional, a través de una gigantesca transferencia por un monto de alrededor de 60 mil millones de dólares provenientes de prestamos “salvavidas” del FMI.
El destino de esos recursos es cancelar las importaciones, en muchos casos calculadas con facturas infladas elaboradas en “paraísos fiscales” que las haga inauditables, que supuestamente requieren sus empresas o el mercado.
El intercambio entre Hausmann y Mendoza es la planificación de una estafa o de un asalto: “yo tengo un panita burda que jugaba metras conmigo a quien puedo convencer para…” ver cómo hacer que recibiera una llamada que acelerara la intervención.
Se trata del mexicano Alejandro Werner, director de asuntos del hemisferio occidental del FMI, quien según Hausmann estaba montado en la jugada. Y a menos que diga lo contrario, es evidente que estaba aprovechando su cargo y su posición para poner los recursos del Fondo al servicio de unos particulares ávidos de divisas.
A lo interno, la discusión presupone que ellos tenían la intención y el poder para imponerle a los sectores de oposición una agenda de neoliberalización, que normalmente tiene un elevado costo político, y al resto de los factores productivos con posturas antichavistas un modelo centrado en las importaciones y en la apertura hacia el sector externo.

En la última intervención del FMI con ese criterio, la mayoría de las empresas industriales no sobrevivieron al proceso de “globalización”y debieron cerrar una tras otra, ya que no tenían fortalezas para competir con los productos importados, al punto que en 1994 un crisis bancaria (originada en la misma debilidad) acabó con más de la mitad de las instituciones financieras.

Algo similar ocurrió con el sector agropecuario.
Por lo tanto, si usted, que es opositor, piensa que Hausmann y Mendoza son luchadores por la libertad, y que su situación personal va a mejorar gracias a ese “apoyo fondo-monetarista”, sería bueno que sepa que no va a recibir ni un dólar, pero con seguridad le tocará pagarlos como al resto de los venezolanos.
Ajuste previo golpe de Estado
La existencia de un nuevo gobierno, producto de un golpe de Estado, es la premisa que subyace en la conversación entre el empresario Lorenzo Mendoza y el economista Ricardo Hausmann, revelada en el programa de televisión que conduce el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.
En el audio, correspondiente a una llamada telefónica, el jefe de Empresas Polar y el exministro del paquete neoliberal del expresidente Carlos Andrés Pérez, se refieren, como si fuera un hecho cumplido, a la negociación de un plan de ajustes macroeconómicos entre el Fondo Monetario Internacional y las autoridades de Venezuela en materia económica.
Eso no sería posible con un gobierno como el del presidente Nicolás Maduro, que ha dejado muy claro que no recurrirá a las “recetas” del FMI para manejar los efectos de la prolongada caída del precio del petróleo.
Y mucho menos usaría a Hausmann, un reconocido neoliberal con posiciones extremas, para diseñar y negociar la propuesta de ajustes con el organismo multilateral.
“Un paquetazo no sería posible con un gobierno como el del presidente Nicolás Maduro, que ha dejado muy claro que no recurrirá a las “recetas” del FMI para manejar los efectos de caída del precio del petróleo”
Eso solo ocurriría con otra jefatura de Estado y un cambio de ese tipo en el corto plazo que se plantea en el diálogo, únicamente se registraría producto de una intervención inconstitucional como un golpe de Estado.
En el cuarto comentario de Hausmann se confirma la tesis del golpe o de la intervención internacional, cuando relata su encuentro con el director del FMI para el hemisferio occidental, el mexicano Alejandro Werner, y dice que le planteó cómo hacer que recibiera una llamada del presidente estadounidense, Barack Obama, o del mandatario francés, Francois Hollande, como parte de las coordinaciones para las actuaciones de las grandes potencias.
Un lento y feroz comienzo
En todo caso, otros elementos parecen confirmar que la propuesta de “salida” de la guerra económica era justamente un programa de choque. Y al menos desde la segunda semana de octubre, ya se venía preparando a los activistas de oposición en lo político y emocional.
El sábado 10 de octubre se publicó un artículo de Fausto Masó, titulado “El Desmoronamiento”, que pronosticaba un paulatino desencanto desde el chavismo, pero sin que ello significara una ruptura. Todo seguiría más o menos igual, con colas, mayor escasez y con la esperanza puesta en una explosión social con saqueos a supermercados.
Mientras que el domingo 11 de octubre fue publicado uno del escritor de telenovelas, Leonardo Padrón, “Un lento y feroz comienzo”, que igualmente adelantaba dificultades mayores tras un esperado triunfo electoral el 6D. Ese día apenas era el “comienzo”, el cual sería muy lento. No esperes soluciones en el corto plazo, pues el horizonte de cambio es de meses o años, decía el mensaje.
Pero además ofrecía que sería “feroz”, es decir que tendría rasgos de crueldad. Y aunque el escritor, con una técnica discursiva propia de la autoayuda o la prédica religiosa, no hablaba de violencia, llegó a utilizar la frase unas 10 veces.
Hausmann y los intereses comerciales de Israel
Además de su participación en el fallido gobierno de Pérez, entre 1992 y 1993, Ricardo Hausman tuvo una importante participación en el intento de demostrar un fraude en el referendo que pretendió revocar, en agosto de 2004, el mandato del presidente Chávez.
Fue la llamada teoría “cisne negro”, que afirma (en líneas generales) que aunque todos los cisnes sean blancos, y no haya pruebas de lo contrario, no quiere decir que no existan los cisnes negros.
Así, en un modelo estadístico matemático, realizado y financiado por la Coordinadora Democrática y Súmate, Hausmann y Roberto Rigobon aseguraban que el no conseguir pruebas de que no hubo fraude en el proceso era, en consecuencia, una prueba irrefutable, aunque no explicable, de que había ocurrido un fraude, según refiere el periodista Andrés Paravisini, en un perfil publicado en el diario Ciudad Ccs.
Hausmann realmente es un reconocido académico de los ThinkTank (tanque de pensamiento en inglés) que promueven el libre mercado como la panacea para los problemas económicos y sociales del “tercer mundo”, como lo son a los ojos de EE.UU los países del continente americano, agrega Paravisini.
La defensa de la dolarización de la economía de países poco industrializados, la adopción de políticas para el financiamiento del Fondo Monetario Internacional y otros organismos multilaterales para el control de la economía foránea, entre otros temas, forman parte de las áreas que instrumentaliza este docente, según las investigaciones publicadas en su propia página web, para defender el neoliberalismo como tabla de salvación. Hausmann, además, es un activo colaborador del Estado de Israel y considera que “América Latina es un complemento natural de Israel”, porque es un “importador neto” de bienes y tecnologías en los que Tel Aviv tiene “grandes fortalezas”, como manejo de agua, agricultura, seguridad o informática.
En su lógica, América Latina exporta productos interesantes para Israel, como energía, minerales, metales y productos alimentarios, por lo que “hay una gran complementariedad natural” que ha llevado a que las relaciones económicas sean “de larga data e importantes para ambos lados”.
Víctor Hugo Majano

A la carga contra los pelucones

“El 6 de diciembre gana Chávez otra vez… gana el pueblo, gana la Patria… va a ver un voto castigo brutal, contra los pelucones y contra la derecha maltrecha que tanto ha hecho pasar trabajo a nuestro pueblo… este año”.

Así vaticinó la victoria perfecta de las elecciones parlamentarias que se desarrollarán el próximo 6 de diciembre en la Patria de Bolívar y Chávez, el Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros.

Una victoria que como siempre será protagonizada por el pueblo que se mantiene resteado con la Revolución que trazó Hugo Chávez y que dejó en manos de su hijo obrero.

Una victoria que desde ya, el pueblo marca el rumbo de lo que conscientemente decidirá…  como lo demostró este domingo 18 de octubre cuando en el simulacro electoral establecido por el Consejo Nacional Electoral se movilizó y alzó su voz contra los especuladores, contra “la burguesía lacaya del Fondo Monetario Internacional” que pretende entregar nuestra soberanía.

Un pueblo valiente que pese a los obstáculos se mantiene en pie de lucha, en rechazo al chantaje económico, que dirige la derecha y que advirtió el Comandante Hugo Chávez: “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán” ¡Pues No, no lo permitiremos!

No olvidemos… ¿Qué pasaría si la derecha llega al poder?

“Si aquí tomara el poder político, la oposición… aplicarían un plan de contrarrevolución inmediatamente… irían a la privatización de Petróleos de Venezuela (PDVSA), de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y de todo lo que pudieran privatizar… inmediatamente buscarían razones para privatizar la educación universitaria… acabar la educación pública, gratuita y de calidad  que hoy disfrutan casi 3 millones de jóvenes venezolanos… volverían a privatizar los liceos las escuelas… privatizarían la salud pública, echarían del país a los médicos cubanos… aplicarían un plan shock de contra revolución, ese es su plan… por eso es inviable que tomen el poder político” puntualizó este domingo el Presidente Maduro, sin contar lo que está de fondo y es derrocar a toda costa la Revolución Bolivariana y su Presidente legítimo como en 1973 lo hicieron contra Salvador Allende en Chile o contra Fernando Lugo en el año 2012 en Paraguay.

Mientras tanto… ¿Qué tenemos que hacer nosotros?

Como dijo el Presidente Obrero: “Seguir haciendo nuestro trabajo, mejorar nuestros métodos, hacer una nueva política, para elevar nuestra conciencia”, sin duda a través de la formación constante.

Y… Contra la guerra económica

Debemos avanzar hacia el completo control popular de la economía, no podemos seguir dejando los procesos fundamentales de la economía en sectores inescrupulosos que la sabotean y aprovechan cualquier circunstancia en la que puedan aumentar sus ganancias. De esto depende hoy día el curso de la Revolución.

Además, debemos controlar el descarado aumento de los precios con mayor poder comunal sobre el comercio y control de la importación y la distribución, estableciendo el Estado directamente los precios y no dejándolos a merced de los especuladores.

Y mantener viva la organización, el Presidente Maduro hace 4 semanas lanzó la propuesta de mercados comunales productivos a cielo abierto, “Arrancamos con 400 y llegamos este fin de semana a 2 mil 105,  tenemos que llegar a 5 mil mercados comunales, tenemos que ampliar la red de Pdvales comunales, de Pdvales obreros… nuestra propia red de distribución con un carácter productivo, articulando con los productores de todo el país y articulando con lo que traemos de importación del exterior para complementar las necesidades del pueblo venezolano y derrotar a estos señores” concluyó.

¡Pues a la carga contra los pelucones!

¡Que así sea!

Avanzada Popular

LA HIPERESPECULACIÓN: CÓMO ENTENDERLA, CÓMO ENFRENTARLA, CÓMO VENCERLA. (II)

“El primer requisito para la comprensión de la vida económica y social contemporánea es lograr una visión clara de la relación existente entre los hechos y las ideas que los interpretan. Ya que cada una de éstas posee vida propia y, por muy contradictorio que pueda parecer, cada una de ellas es capaz de seguir un curso independiente durante mucho tiempo”. John K. Galbraith. La sociedad opulenta.

La economía del fraude en su laberinto: la derecha económica reconoce que el crecimiento de la liquidez no es la causa de la inflación sino los precios especulativos.

Desde el día 1 de la guerra económica, los “expertos” y voceros de la derecha han asegurado vehementemente que la política económica del chavismo es inflacionaria por populista, lo cual se traduce en que por tratarse de un gobierno botarata con poca o ninguna disciplina fiscal, que no le tiembla el pulso para usar el gasto público con fines asistencialistas y electoralistas, ha puesto a circular montañas de dinero en la economía causando un “exceso de liquidez”, que no puede terminar produciendo un efecto distinto al del aumento de los precios y la escasez de los productos. Es un hecho perfectamente lógico, se nos dice, que cualquier mortal puede perfectamente entender: y es que al ponerse a circular más dinero que bienes disponibles en la economía, el dinero pierde valor, los bienes escasean y los precios suben. Es el diablo inflacionario que termina castigando la irresponsabilidad de quienes quieren vivir por encima de sus posibilidades. Diablo ante el cual la única alternativa, también se nos dice, es el ajuste, el duro despertar ante la triste realidad de tener que arroparse hasta donde la cobija realmente alcanza luego de la borrachera consumista causada por la ilusión de riqueza de los altos precios petroleros.

Como puede inferirse de este razonamiento, queda claro que los culpables de la inflación para la derecha económica (incluyendo en esta lista, dicho sea de paso, varios “izquierdistas” que repiten a pie juntillas lo mismo solo con algunas variaciones estilísticas) siempre han sido dos: el gobierno y los trabajadores. El gobierno, como ya se dijo, por despilfarrador y manipulador. Pero también los trabajadores, pues son ellos los destinatarios finales del gasto del gobierno, tanto los públicos con sus “salarios exagerados” y demás prebendas, como los célebres “enchufados” que están en las misiones y que son peores aún porque cobran sin trabajar. También entran en esta lista, por su puesto, las viejitas y viejitos que cobran las pensiones del IVSS o el INAS. Pero en realidad, hasta los trabajadores del sector privado, que se ven beneficiados por los beneficios igualmente populistas del gobierno, desde los aumentos constante de sueldos y reducción de la jornada hasta los precios subsidiados incluyendo el del propio bolívar “sobrevaluado”, que como se nos ha señalado hasta más no poder, sería la gran causa en última instancia los “desequilibrios” que estamos viviendo.

Es justo en razón de esta culpabilidad compartida entre gobierno y trabajadores que, a los ojos de los “expertos”, si bien es verdad que los trabajadores son las principales víctimas de la inflación, también lo es que es sobre ellos que debe recaer el ajuste. Pues adicional al hecho que sus salarios sobrevaluados son el reflejo mismo del exceso monetario-populista, se encuentra el que ellos han convalidado dicha sirvengüenzura votando mayoritaria y recurrentemente por el chavismo para vivir sus vidas de ricos y famosos sin serlo. Así las cosas, el ajuste no solo se presenta como una medida macroeconómica “necesaria”, sino también social y moralmente como un correctivo, en el sentido en que corrige o endereza pero además castiga y escarmienta, algo así como un ayuno después de una comilona o un baño de agua fría después de una noche de fiesta. Tanto se ha insistido y machacado esta idea que en parte importante de la población, del chavismo, y evidentemente, del propio gobierno, ha ganado adeptos.

Pero esto fue así hasta finales del mes pasado, cuando en un artículo para el portal Prodavinci firmado por uno de los más conspicuos “expertos” económicos de la derecha y divulgador como pocos de la necesidad del ajuste macroeconómico dados los “desequilibrios causados por la indisciplina fiscal y monetaria del gobierno”, se reconoce como un mito que el alza de los precios sea causada por el aumento de la liquidez monetaria.

Luis Salas 

La Hiperespeculación: cómo entenderla, cómo enfrentarla, cómo vencerla (I)

“No hay medio más sutil o más seguro de trastocar la base existente de la sociedad que el de corromper el dinero”. John M. Keynes. Ensayos de persuasión.

“La práctica de lo económico es la tensión de los intereses materiales de los individuos que concurren al acto del intercambio mercantil. Y no menos, el ejercicio del poder político, por acción o abstención, para inclinar la resultante de las fuerzas en cierta dirección”. Asdrúbal Baptista. La vida intelectual del economista.

¿Por qué si mi dinero no vale nada los comerciantes lo quieren todo?

Todas y todos hemos escuchado o leídola frase según la cual, en las actual coyuntura económica de aumento constante de precios que enfrenta el país, nuestro dinero “no vale nada” o “vale cada vez menos”. En estos días un reportaje de CNÑ comparaba de hecho al bolívar con una “servilleta gracienta sin valor alguno”, todo a partir de la foto subida por un ¿espontáneo? a una rede social sosteniendo una enpanada destilante de aceite con un billetes de dos bolívares.

Sin embargo, a dicha aseveración que parece absolutamente cierta dado todo lo que tenemos que gastar para comprar las mismas cosas que antes comprábamos por mucho menos dinero, se le contrapone el hecho, también evidente, de que quienes nos venden algo, cada día, ponen lo mejor así para quedarse con la mayor parte posible de dicho dinero. Lo que motiva preguntarse: ¿por qué estarían interesados los comerciantes por hacerse tanto de algo que, se asegura con tanta vehemencia, no tiene valor alguno en manos de los consumidores?

Esta es una pregunta mucho menos trivial de lo que parece. Y que no puede despacharse, como es la costumbre, con el argumento “experto” según el cual los comerciantes necesitan sacarnos más dinero, precisamente, porque vale menos, dado que ellos y ellas deben pagar a su vez las mercancías que nos venden y los gastos en que incurren, incluyendo los personales, también con mucho más dinero. Eso desde luego es cierto. Pero en cuanto explicación es chucuta, pues equivale a explicar el problema por el problema mismo (“el dinero pierde valor porque pierde valor”) desplazándolo hacia atrás en la cadena de comercialización.

Veamos. El dinero en cuanto tal es una mercancía cuya única utilidad es su poder de compra, esto es, el que a través suyo podemos comprar otras mercancías. Es decir, el dinero no comporta ninguna otra utilidad importante distinta a su poder de comprar, cualidad que, en sí misma, es una convención social e institucional: depende de un conjunto de reglas e instancias que lo hacen posible y permiten. Así por ejemplo, vía decreto, se puede crear un nuevo tipo de moneda en sustitución de una vieja. En razón de dicho decreto, la nueva moneda pasa a ser dinero mientras la vieja deja de serlo, pero no porque ésta última hayan cambiado físicamente, desgastado o perdido un atributo intrínseco, sino porque el decreto así lo estableció (por caso: cuando se pasó del viejo bolívar al Bolívar Fuerte). Distinto es por su puesto el caso de las otras mercancías, continentes éstas sí de utilidades intrínsecas. Por ejemplo: los alimentos, cuya utilidad es comérselos, siendo que su valor depende de dicho atributo que les es propio.

Por otra parte, el valor del dinero y por tanto su precio, no viene determinado como en el caso de las otras mercancías, por los costos implicados en su elaboración y comercialización. Esto es: hacer un billete de cien bolívares no cuesta necesariamente más que hacer uno de dos bolívares, e incluso, hacer una moneda de dos bolívares puede en cuanto sus costos ser más caro que el billete de cien. Pero no por eso la moneda de dos bolívares vale más, pues el que vale más, así elaborarlo sea más barato, es el billete de cien, porque según la convención social-institucional de la que hablamos anteriormente puede comprar más que la moneda de dos. Este fenónemo es aún más claro en los casos del dinero electrónico y el dinero plástico (el de las tarjetas de crédito) que son puras cifras digitales, o el de los ticktes de alimentación, exactamente iguales excepto en la denominación que fija de cuánto es su poder de compra y por tanto su valor.

Ahora, el que el valor del dinero sea su poder de compra, y que dicho valor sea determinado por convenciones sociales institucionales y no por sus cualidades intrínsecas o naturales, es la primera parte del asunto. Pues la relación dinero-precios-poder de compra, es un tema más complejo que pasa, en un segundo momento, por la relación de aquel con las otras mercancías que compra, y particularmente, con el precio de éstas. Para decirlo rápido: lo que determina el real poder de compra del dinero (que es lo que usualmente llamamos su “valor”), no es lo que nominalmente el dinero indica que vale (su denominación), sino la relación de dicha relación con el precio de las mercancías que va a comprar. O dicho de otra forma: el dinero en sí mismo no “pierde” su “valor”, lo que hace que tal cosa ocurra (o sea, que disminuya su poder de compra) es el precio de las mercancías que compra, en el sentido de que si estas aumentan entonces debemos dar más de lo que antes dábamos de nuestro dinero por ellas. Resumiendo: no es el dinero el que pierde valor, sino el precio de las cosas lo que aumenta y lo hace perder valor.

El caso del Bolívar Fuerte, los llamados “dólar Cúcuta” y “dólar today” y la indexación que hacen los comerciantes de los precios de las mercancías a partir de estos últimos marcadores, es un claro ejemplo de lo anterior. En la actualidad, con el cierre de la frontera con Colombia, al igual que ocurrió cuando la corrida especulativa generada por el anuncio de la “inminente” dolarización del comercio automotriz venezolano, dichos marcadores ilegales se dispararon provocando una devaluación de facto del Bolívar Fuerte. Sin embargo, en realidad, tal “devaluación” ni fue ni es monetaria si no comercial, en el sentido en que se produce por el aumento de los precios de las mercancías internas efectuados por los comerciantes que toman en cuenta dichos marcadores ilegales. Esta es de hecho la utilidad primordial de estos marcadores a los fines de los especuladores y conspiradores que los sostienen y operan. Y si del lado del chavismo muchas veces se ha dicho que no tienen razón de ser pues no hay ninguna teoría económica que los sostengan o no guardan relación con las variables reales de la economía, es porque nunca se ha entendido del todo bien para qué fueron creados.

Desde luego, cualquiera podría pararse aquí y decir que, bueno, en última instancia, no importa cómo se diga, pues a final de cuenta el fenómeno es el mismo: tenemos que dar más plata por los bienes que compramos, nuestro poder de compra se ve afectado, y por lo tanto, de una forma u otra, el rollo es que somos más pobres. Sin embargo, la diferencia entre plantear las formas de uno u otro modo va mucho más allá de un simple asunto de denominación: se trata de un problema de sentido, de causalidad y político, que afecta el modo de entender el fenómeno pero también -y sobre todo- de abordarlo y solucionarlo, como veremos más adelante.

¿Será entonces el exceso de dinero la causa la pérdida de valor del mismo?

Es difícil entender por qué, en las sociedades capitalistas, donde se supone el fin último es que todos seamos ricos, tener dinero en exceso es malo, según nos dicen los mismos expertos económicos que no se cansan de hablarnos de las bondades del capitalismo y del libre mercado. Y es que obviamente resulta contradictorio: ¿cómo es que en la mañana nos dicen que todos y todas tenemos que ponernos como meta ser ricos, lo que para la inmensa mayoría se traduce en trabajar mucho para tener el dinero necesario para ser libres de elegir y comprar todo aquello que queremos en las cantidades que queramos, solo para el final de la tarde criticarnos porque el que pasen tales cosan pasen resulta notoriamente malo?

Por más contradictorio que parezca, esto es, en efecto, lo que hacen los expertos económicos convencionales. Y es que dado que en el fondo de sí saben que su “explicación” de la pérdida del valor del dinero es esotérica, se ven forzados a plantear otra que parece más seria. Pero el problema es ese: que parece, pero no lo es, siendo el caso que en la práctica es inclusive más esotérica, pese a todos los artificios cientificistas no escatimados para hacernos pensar lo contrario. Se trata de la “explicación” según la cual nuestro dinero pierde valor por un problema elemental de oferta y demanda, expresado por un exceso de dinero, o dicho en buen dialectoexpertés: de exceso de liquidez monetaria.

En otras partes (ver acá y acá) nos hemos referido ya a lo balurda que resulta la “ley” de la oferta y la demanda para explicar el valor y por tanto los precios de las mercancías. Pero si resulta balurda en todos los casos, en ninguno lo es tanto como en el dinero. En nuestro trabajo junto a José Gregorio Piña El mito de la maquinita, abordamos este punto, que forma parte del núcleo retórico-ideológico de las “teorías” económicas convencionales de la cual se desprenden las diversas lecturas que, en la actualidad, nos hablan de inflación cada vez que nos “explican” por qué suben los precios.

En el mundo de la teoría económica, esta “explicación” se desprende de la llamadateoría cuantitativa de la moneda, más tarde vulgarizada como monetarismo, ya en tiempos de Friedman y sus Chicago boys. Sin embargo, la teoría cuantitativa se remonta a los tiempos de Nicolás Copérnico, el francés Jean Bodin y los sabios de la Escuela de Salamanca como Martín de Azpilcueta, quienes fueron los primeros en formular que el nivel de precios y por tanto el poder de compra de la moneda, se ven afectados por el aumento de las cantidades moneda en circulación. En El mito de la maquinita, como decía, damos una lectura más rigurosa y extensa de este tema, sin embargo, a efectos de los objetivos aquí planteados es necesario volver por más resumido que sea a los puntos centrales del asunto.

En su formulación estrecha, como es sabido, la “explicación” cuantitativa y monetarista establece que, si se da el caso de abundancia o “exceso” de oferta de una mercancía determinada, su precio se verá forzado a bajar en razón de haber sido cubierta e inclusive saturada su demanda. Caso contrario: si hay escasez de la misma, su precio tenderá a aumentar en razón del margen de demanda insatisfecha. Ahora bien, en lo que al dinero concierne no queda claro que la cosa marche exactamente igual. Pues está visto que no por aumentar de cantidad de éste su demanda quedará satisfecha en algún punto, motivo por el cual no se verá contrarrestado su valor de uso, que es su cualidad para comprar cosas, ni en consecuencia su “precio”, que es esa misma cualidad expresada cuantitativamente. De tal suerte, y al igual que explicamos en el apartado anterior, lo que hace que el dinero “pierda valor” no es la cantidad de dinero en sí, sino que dicha cantidad no se corresponda con la cantidad de bienes o más bien con los precios que hay que pagar por ellos (que determina por tanto la cantidad a comprar), por ese motivo, de nuevo: no es el dinero que pierde valor, sino el precio de las cosas lo que aumenta y lo hace perder valor.

Todos los teóricos importantes de la economía política, incluyendo a Marx y Keynes, pero inclusive Smith, Hume, Mill e inclusive a su modo David Ricardo (o sea, los padres fundadores de la economía política burguesa), coinciden en este punto, sostenido igualmente por los economistas de la escuela latinoamericana, desde Juan Noyola hasta Celso Furtado. Y sin embargo, los economistas convencionales tanto de derecha como de “izquierda” insisten en los contrario contra toda evidencia empírica, presos en buena medida del adoctrinamiento neoliberal que padecen los estudiantes de economía a lo largo y ancho del mundo desde hace al menos cuatro décadas, pero también, porque tal punto de vista se corresponde con los intereses de los factores especulativos dominantes, que por regla general financian dicho adoctrinamiento.

Pero lo más paradójico de esta “explicación” no es que no tenga casi nunca (por no decir nunca) basamento real alguno. Si no que viniendo de sujetos que se ufanan a más no poder de ser sus ideas el non plus ultra del pensamiento de avanzada, la misma resulta de la extrapolación vulgar de un caso sucedido en el contexto “simple y primitivo” de la Europa premoderna y precapitalista. Y lo de “simple y primitivo” no es una expresión nuestra, si no de John Stuart Mill, el último de los grandes ilustrados ingleses y sistematizador de la Economía Política clásica en sus Principios de Economía Política, un libro de cabecera cuando la economía que se estudiaba en las universidades era cosa seria. En el capítulo VIII del Libro III de esta obra, titulado, precisamente Del valor del dinero en función de la oferta y demanda, nos dice Mill lo siguiente (me disculpan lo lago de la cita pero creo que su importancia lo amerita):

“El valor o capacidad de compra del dinero depende, en primer lugar, de la oferta y demanda. Pero éstas, en relación con el dinero, se presentan bajo una forma algo diferente de la oferta y la demanda de otras cosas. (…) El principio expuesto de que los precios en general depende de la cantidad de dinero en circulación, tiene que entenderse como aplicable sólo en un estado de cosas en que el dinero, esto es, el oro y la plata, es el instrumento exclusivo de cambio, y pasa efectivamente de una mano a otra en cada compra, desconociéndose el crédito en cualquiera de sus formas. Cuando el crédito entra en juego como medio de compra, distinto del dinero constante, la conexión entre los precios y la cantidad de monedas en circulación es, según veremos más adelante, mucho menos directa e íntima, y tal conexión no se puede expresar con igual sencillez (…) La proposición más elemental de la teoría de la circulación monetaria es que un aumento de la cantidad de dinero eleva los precios y una disminución los hace bajar; esta proposición explica todas las demás. Sin embargo, en un estado de cosas distinto del simple y primitivo que hemos supuesto, la proposición es solo cierta si las demás cosas permanecen iguales; y aun no estamos en situación de declarar cuáles son estas cosas que tienen que continuar siendo iguales. Podemos sin embargo, indicar desde ahora algunas de las precauciones que han de adoptarse al utilizar este principio para tratar de explicar prácticamente los fenómenos; precauciones tanto más indispensables cuanto que, si bien la doctrina es una verdad científica, durante los últimos años ha servido de base para un gran número de falsas teorías e interpretaciones erróneas, en mayor proporción que ninguna de las otras proposiciones que se relacionan con el intercambio. Desde que por la ley de 1819 se volvió a los pagos en efectivo, y sobre todo, desde la crisis comercial de 1825, toda alza o baja de precios es atribuido, por lo general, a la “circulación monetaria” (entrecomillado del autor); y como casi todas las teorías populares, la doctrina se ha aplicado sin tener en cuenta las condiciones necesarias para que resulte exacta. Por ejemplo, se supone comúnmente que siempre que aumenta la cantidad de dinero que existe en el país tiene que producirse por necesidad un alza de los precios. Pero esta no es en modo alguno una consecuencia inevitable. En ninguna mercancía es la cantidad existente de la misma la que determina el valor, sino la cantidad que se ofrece en venta (…).

La explicación (en este caso, sin comillas) de Mill es clara: la hipóstesis cuantitativa la relación directa entre el aumento de las monedas en circulación y el aumento de los precios es cierta e históricamente pertienente, solo que para el caso del contexto y época de la historia europea para el cual originalmente se formuló[1], durante los cuales las monedas de circulación eran directamente de oro y de plata, continentes de valor intrínseco y por tanto objetos en sí mismas de deseo y posesión, más no existía todavía el dinero de papel ni las monedas de metales no preciosos ni mucho menos el dinero bancario. De ahí su juicio servero: fuera de ese contexto “simple y primitivo”, explicar las cosas por esa vía resulta falaz.

En los últimos meses, en varias partes del mundo se han publicado estudios que dan cuenta de esta realidad. El economistas y periodista argentino Cristian Carrillo, por ejemplo, escribió para el diario Página 12 una nota el año pasado titulada Emisión e inflación, donde citando un informe del Banco Central de la República Argentina, destaca cómo desde la debacle financiera global de septiembre de 2008, en muchos países se han producido aumentos exponenciales de emisión monetaria (lo que eufemísticamente la prensa burguesa llama “estímulo” o “relajación cuantitativa”[2]) sin que esto se haya traducido en un aumento de la inflación. En la misma Argentina –nación hermana que enfrenta una situación de guerra económica similar a la nuestra- se encuentran otros trabajos que marchan en la misma dirección, como el del economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular GEENAP Marcelo Janda: La emisión Monetaria de los tres últimos años no explica el alza de los precios.Y del también economista Alejandro Fiorito: El extraño y atávico caso del monetarismo argentino y Mitos convencionales sobre la inflación: “exceso” de demanda” y monetarismo.

En el caso nuestro venezolano, lo que reflejan los cálculos históricos de Piña recogidos en El mito de la maquinita (desde 1958 hasta 2014), es que en dicho lapso de tiempo la medición del comportamiento de los precios y la liquidez monetaria (medidos como INPC y M2, respectivamente) comportan una correlación mediana (de 0,5) siendo el caso en que hay momentos en que los precios se disparan con decrecimiento de la liquidez, así como otros en que la liquidez monetaria crece sin que lo hagan los precios, e incluso, disminuyan como tendencia, o donde ambos disminuyen o crecen pero no proporcionalmente. Por lo demás, y esto es lo fundamental, se observa que en los casos donde se mueven en la misma dirección, primero lo hacen los precios y luego la liquidez monetaria. Durante 2013 y 2014, los del gobierno del presidente Maduro y del recrudecimiento de la guerra económica, la tedencia es aún más marcada: en este lapso específico, si bien tenemos una correlación casi perfecta (0,992791), entre precios y liquidez monetaria en el sentido que ambos marchan en la misma dirección ascendente, se acentúa, no obstante, la tendencia de la liquidez monetaria a ir detrás de los precios en el caso de 2013 con rezago de un mes, y en el de 2014 de inclusive hasta dos meses (pasando en consecuencia la correlación a ser negativa: -0,04), lo que comprueba la hipótesis según la cual, ésta busca ajustarse a los nuevos precios, algo de lo que cualquiera que haga compras puede dar fe en la medida en que debe disponer de más medios de pago para comprar, lo que ratifica a su vez que el factor desequilibrante de nuestra economía no es la moneda si no los precios especulativos, que lo que hace que el bolívar “pierda valor” son estos y no el bolívar en sí mismo.

En la siguientes partes de este trabajo describiremos y explicaremos con más detalle cómo se produce este fenómeno, a qué de debe, qué efectos tiene, cómo ha venido evolucionando (esto es, pasando de su fase especulativa-acaparadora inicial hasta la hiperespeculativa-acaparadora actual), así como qué cosas hay que hacer tanto del lado del gobierno como de los trabajadores-consumidores-ciudadanos organizados, para definitivamente contrarrestarlo.

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[1] La época a la cual se hace mención Mill es el de la llamada Revolución de los Precios, un período de unos 150 años –desde 1501 hasta 1650, aproximadamente- a lo largo de los cuales los precios se sextuplicaron por todo el continente. En la literatura convencional, se suele asociar mecánicamente el aumento de los precios durante este período a la influencia de la llegada masiva de oro y la plata a Europa tras el “descubrimiento” de América. Sin embargo, esa es solo un parte de la verdad. Pues lo que explica el alza de los precios es la llegada de dichos metales a un continente donde las monedas en circulación eran directamente de oro y plata, lo cual les otorgaba fuera de su valor nominal de cambio un valor intrínseco en cuanto metales preciosos. Pero también donde se venía experimentando una transformación demográfica y social en sentido amplio, luego de los desastres del siglo XIV, cuando entre la hambruna, las epidemias de peste, las guerras y los desequilibrios climáticos más de un tercio de la población europea sucumbió. La llamada Gran Crisis del siglo XIV, aunque en su momento desató una fiebre especulativa, a la larga hizo bajar los precios por ausencia de compradores. A la vez que encareció los salarios por ausencia de trabajadores. Así las cosas, cuando comienzan a llegar el oro y la plata americanos en el siglo XVI, encontrará a las sociedad europea en un proceso de transición demográfica pero también de transformación de su estructura productiva donde tenemos trabajadores con niveles salariales relativamente altos con precios de alimentos y bienes relativamente bajos y con una gran cantidad de artesanos sin relación de subordinación directa y comerciantes, prestos todos a competir por un oro y una plata que, además de su valor de uso como medio de intercambio y reserva de valor, poseían intrínsecamente un gran valor adicional –y en buena medida mayor- en cuanto metales preciosos.

[2] Decimos eufemísticamente porque cuando dichas políticas se llevan a cabo en países periféricos o díscolos de los dictámenes de las troikas financieras globales, se les llama directamente “populistas”.

Luis Salas 

Razones para Avanzar y Profundizar la Revolución:

Razones para Avanzar y Profundizar la Revolución

La Tesis:

Hoy día encontramos una dispersión fuerte en el seno del chavismo, nunca suficiente para que nos saquen corriendo despavoridos, eso no va a pasar por más que intenten socavar la legitimidad, la credibilidad y la fe en el único bloque -después de la independencia y del 23 de enero de 1958- con suficiente fuerza programática, unidad de amplios sectores y dirección única como para mover los cimientos de la sociedad  venezolana, latinoamericana y mundial en los últimos cincuenta años. Esa es la pura verdad y quien no llegue a verlo, diríamos como Lenin, no llegarán nunca a ver una revolución, ni que les pase por un lado. Lee el resto de esta entrada

El Golpe Económico Aportes a Soluciones de fondo:

El Golpe Económico: Aportes a Soluciones de fondo

Desde los sectores revolucionarios y organizaciones populares, hemos venido evaluando sucesivamente distintos momentos de la llamada Guerra Económica, término que por momentos pareciera redundante, porque esta guerra del capitalismo contra los pueblos es histórica, es una guerra permanente. Lo que hay en desarrollo, es un elaborado Golpe de Estado apalancado en el sabotaje económico y un agotamiento del sistema capitalista rentista. Lee el resto de esta entrada

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